
Existen muchas definiciones para explicar qué es un microemprendimiento. Mi preferida es la siguiente: “Un Microemprendimiento es la unidad economica mas pequeña, con proyección empresarial”. Es decir, una pequeña estructura – tanto en lo que respecta a los recursos económicos como humanos – con el objeto de hacer negocios y crecer a lo largo del tiempo.
En Argentina, la participación de los microemprendimientos en la economía aumenta año a año. Cada vez más personas – algunos motivados por la voluntad propia de tener una experiencia más allá del trabajo en relación de dependencia, otros con la intención de no dejar pasar una idea u oportunidad que se les haya presentado, y muchos empujados por las sucesivas crisis que atravesó nuestro país en las últimas décadas -, son las que se deciden a emprender algún tipo de proyecto.
Sin embargo, más del 80% de los emprendimientos, fracasan en el transcurso de los primeros 18 meses de vida. ¿Por qué sucede esto? Los motivos son de lo más variados.
Si bien algunos de esos emprendimientos logran finalmente establecerse en el tiempo, e incluso muchos han crecido hasta llegar a convertirse en grandes marcas y empresas reconocidas, son numerosos los obstáculos con que se enfrentan, y los errores frecuentes que cometen.
Capacidad de Gestión: Muchos emprendedores se sumergen en una actividad, confiados en que un gran conocimiento del producto o el servicio que ofrecerán al mercado, les bastará para alcanzar el éxito. El punto que la mayoría descuida es el negocio en sí mismo. La capacidad de gestión está relacionada con todo aquello que va más allá del know how (el conocimiento específico y la experiencia de cómo realizar el producto o servicio). La capacidad de gestión es saber llevar aspectos como el financiamiento, la comunicación, la comercialización, la necesidad de personal, el manejo de proveedores, la administración de stock, etc. Todas ellas cuestiones esenciales y comunes a la mayoría de los proyectos.
Aversión al riesgo: Emprender implica correr riesgos. Al momento de comenzar un proyecto, debe realizarse un serio y realista análisis de la inversión que se deberá
comprometer. Si bien una de las características que suele ser común en este tipo de proyectos, es el bajo nivel de presupuesto necesario, esquivar la inversión en
determinadas cuestiones clave, puede devenir exactamente en una de las más recurrentes causas de fracaso. Por su parte, es fundamental romper con la creencia de que el asesoramiento es caro y privativo de las grandes empresas. En el ámbito de los pequeños y medianos proyectos,el asesoramiento profesional externo “se paga sólo”, con los resultados que dicha intervención suele reflejar en la rentabilidad del negocio.
Dificultad para formalizar los vínculos informales: Gran parte de los emprendimientos, son encarados en forma conjunta por amigos o familiares. Esta realidad tiene numerosos aspectos positivos, como el hecho de sumar y disponer de más recursos necesarios para destinar al proyecto (tiempo, dinero, trabajo, etc.). Pero suele suceder que el día a día de los negocios, requiere de una formalización del vínculo, que no siempre las personas están en condiciones de asumir. La toma de decisiones, la delegación de tareas, la resolución de conflictos operativos y/o estratégicos, en oportunidades suelen ser más complejos en relaciones familiares o amistosas, que en otras netamente comerciales. Es fundamental que con anterioridad a emprender un proyecto con amigos o familiares, se puedan establecer las pautas de trabajo a las que se atendrán con el proyecto en marcha.
Dificultad para generar o acceder a la información necesaria para la toma de decisiones: El día a día de un negocio, requiere tomar decisiones permanentemente. Y para que dichas decisiones sean fundadas, estratégicas, y estén alineadas a los fines y objetivos del negocio, deben ser tomadas sobre bases sólidas. Para esto se requiere información, que frecuentemente el emprendedor desconoce cuál es el camino para generarla o conseguirla. Esto deviene en la toma de decisiones intuitivas, que si bien puede que en el corto plazo parezcan haber sido exitosas, pueden también condicionar al negocio en el futuro. Si bien la buena información no garantiza que las decisiones que se tomen sean siempre las correctas, aumenta sensiblemente la probabilidad de que lo sean.
Si bien hemos enumerado sólo algunos de los obstáculos a los que se enfrentan a diario los emprendedores, ninguno de ellos representa un impedimento para que los proyectos puedan desarrollarse, crecer y ser exitosos. La clave está en saber identificar las propias limitaciones, y, en su caso, pedir colaboración profesional para acompañar el crecimiento del emprendimiento.
Lic. Pablo Steinberg
Director de Proyectos NEXORAMA